El Cesar escogió el pasado 8 de marzo a sus congresistas y no podemos dejar de reflexionar sobre los mensajes que deja esta jornada electoral. Hay varios aspectos positivos que vale la pena resaltar de la voluntad popular expresada en las urnas a lo largo del departamento.
Resulta esperanzador lo ocurrido en el sur del Cesar, región que hoy cuenta con dos congresistas: Alexandra Pineda (Pacto Histórico) y Carlos Gumer de la Peña (Partido de la U). Este hecho contribuye a equilibrar las fuerzas en un territorio donde históricamente ha predominado el peso político del norte del departamento. Ambos representantes tienen ahora la obligación de convertirse en voces firmes para defender las necesidades de una región cuya representación en los últimos años estuvo en manos de Libardo Cruz, quien no aporta nada al debate local ni nacional.
Otro hecho destacable es la elección de dos mujeres cesarenses al Congreso. Desde hace mucho tiempo el departamento no contaba con mujeres participando en la política nacional en cargos de elección popular. Se trata, además, de mujeres que no deben su espacio político a los grupos que han dominado el Cesar durante las últimas dos décadas. Alexandra Pineda y Claudia Margarita Zuleta (Centro Democrático) recuperan un espacio abandonado por años. Desde la época de Carmen Cecilia Gutiérrez Mattos el Cesar no tenía parlamentarias, y hoy la agenda de los derechos y las luchas de las mujeres vuelve a tener representación. Podríamos hablar de Imelda Daza, pero su curul fue un regalo y su paso por el Congreso fue poco satisfactorio para este departamento. Al mismo tiempo, este panorama contrasta con el desgaste político de José Alfredo Gnecco y Didier Lobo, dos senadores cuyo balance legislativo es muy pobre y representan clientela y burocracia.
Precisamente, otro de los mensajes de estas elecciones parece ser el cansancio de una parte del electorado frente al papel desempeñado por José Alfredo Gnecco y Didier Lobo como congresistas. Políticos cuyas elecciones han estado marcadas por la maquinaria, la burocracia y el uso desbordado de recursos, pero cuyos resultados para el Cesar siguen siendo difíciles de identificar. Los datos lo muestran: su votación en el departamento ha venido disminuyendo, y con ello también su credibilidad. Valledupar, en particular, envió una señal clara, pues los resultados obtenidos acá estuvieron lejos de lo esperado. Es un síntoma de que el elector comienza a tomar distancia de ciertas prácticas políticas y exige mayores resultados.
Como mensaje relevante tenemos la votación alcanzada por el Pacto Histórico en Valledupar. Pese al poder político del representante Ape Cuello —respaldado por el alcalde Ernesto Orozco, concejales, diputados y varias entidades públicas, no llegó a ser la votación más alta de la ciudad ni obtuvo otra curul para su lista—, existe en la capital del Cesar un sector del sufragante que busca alternativas distintas y no las repudiables prácticas de Cuello. El desafío para el Pacto será interpretar correctamente ese mensaje y apostar por nuevos actores capaces de aglutinar distintos sectores sociales y políticos de cara a las próximas elecciones.
También es saludable para la vida institucional que las urnas hayan cerrado el paso a candidaturas como la del “doctor Pechy Player”. Durante semanas, el despliegue en redes sociales lo mostraba como una posible sorpresa electoral. Sin embargo, figuras que convierten la vulgaridad en espectáculo y la presentan como humor, terminan alimentando fenómenos sociales preocupantes como la agresividad, la violencia intrafamiliar, el consumo de drogas, la banalización de la violencia o la normalización de conductas que la sociedad intenta superar; estos personajes son nefastos en espacios donde se intenta construir un mejor país. En ese sentido, el electorado cesarense también envió un mensaje claro al dejarlo por fuera del Congreso y demostrar que se puede exigir más a quienes aspiran a cargos de elección popular.
Las elecciones siempre dejan algo más que ganadores y perdedores: dejan señales sobre el rumbo que una sociedad quiere tomar. El Cesar habló con su voto y dejó varias advertencias sobre la forma como se ha ejercido la política en el departamento. Ahora la responsabilidad recae en quienes fueron elegidos. El mensaje de las urnas fue claro: el Cesar quiere representación real, no congresistas decorativos ni silencios cómodos en el Capitolio.
Por: Carlos Andres Añez Maestre
