Por José Gregorio
En diciembre del 2009 le pregunté a un amigo adentrado en edad cual había sido el amor de su vida. Él se limitó a responderme con los ojos bañados de una brizna transparente, como de niño cuando quiere algo imposible; entonces me dijo: -Fulana de Tal- y me contó la historia acaecida hacía cuarenta años, incluyendo su final esa mañana temprana en la esquina del Café la Bolsa, y remató “desde entonces no se de ella, pero la amo cada día más, y su indiferencia es la peor de las enfermedades” no dudé en tomar la historia y escribirla.
En febrero del año siguiente por este mismo medio lo publiqué como columna “cuando el silencio habla”, el impreso llegó a sus manos en Mayo y sin saber que la protagonista era ella, supo sin ninguna duda que era ella la que el columnista describía.




