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Los homenajes deben hacerse en vida

En mi casa, cada vez que iniciamos alguna conversación sobre alguien que ya no nos acompaña y hablamos resaltando las bondades y buenas acciones del fallecido, mi mamá afirma: “Si yo sé, que no hay muerto malo”.

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En mi casa, cada vez que iniciamos alguna conversación sobre alguien que ya no nos acompaña y hablamos resaltando las bondades y buenas acciones del fallecido, mi mamá afirma: “Si yo sé, que no hay muerto malo”. Recientemente a raíz de la trágica y lamentable partida del más grande de los juglares de la sabana Adolfo Rafael Pacheco Anillo, fueron muchos los que se preguntaron ¿por qué si Adolfo era tan importante para nuestra música, el Festival de la Leyenda Vallenata, amén de hacerle un reconocimiento como rey vitalicio de la canción vallenata entre un grupo de compositores, no le hizo un homenaje individualmente? 

En una entrevista que me hicieron el día de la muerte de Adolfo, en RCN Radio, me preguntaron si para mí, Adolfo era el último de los juglares y yo les mencioné varios nombres de artistas vivos que considero se les puede llamar juglares, entre otros Nafer Duran Díaz, Issac Carrillo ‘Tijito’ y uno se pregunta por qué el Festival Vallenato no les hace homenajes en vida, para dentro de unos 10 ó 20 años tener que hacérselos póstumos.    

Este año el máximo evento folclórico y cultural de nuestra región Caribe le rinde homenaje a uno de los acordeoneros más importantes de toda la historia del vallenato, Luis Enrique Martínez, reconocido entre los conocedores y estudiosos de este folclor como creador y padre de la más grande, creativa y prolífica escuela de acordeoneros. 

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