A las mascotas les asisten derechos, pero también deberes, como seres sintientes, y como tales tienen sentimientos, entre ellos el del amor, pero en aras de la convivencia, igualmente les cabe el sentimiento de la vergüenza junto a sus propietarios, entonces siendo coherentes con esa concepción, deben tener pudor y pena para excretar y aparearse en público, vivencia que sonrojó en la Casa Blanca al entonces presidente, Bill Clinton, por una mala pasada de su mascota.
Roy Barreras propuso llevar las mascotas al Congreso de la República, pero le respondieron sus colegas de escaños, que en igualdad de derechos la corporación también debería albergar serpientes, tigres, leones, cocodrilos, animales ponzoñosos y cuanta sabandijas quieran llegar al Capitolio Nacional.
El emperador Calígula pasó a la historia por su carácter déspota y cruel, pero también por sus extravagancias. Una de sus excentricidades más famosas alude a su caballo preferido, ‘Incitatus’, al que se dice que quiso nombrar cónsul y sacerdote, hasta compartir a manteles con su cuadrúpedo de hipódromo.




