Caminando por la carrera novena de Valledupar me encontré con un vendedor ambulante de aguacates que con gran esfuerzo empujaba su carreta, la cual llevaba en varias partes muy clara la publicidad de Gustavo Petro y Francia Márquez, me llamó la atención el hecho porque en voz alta le contaba a un potencial comprador que se dirigía al barrio Novalito, donde tenía muy buenos clientes, pero que en días pasados había vivido una situación incómoda cuando expresó su posición política, ante el propietario de una lujosa camioneta que intentó seducirlo con una camiseta y una gorra del candidato uribista, Federico Gutiérrez.
Queriendo conocer un poco más la historia, me acerqué y lo felicité por públicamente identificarse con sus candidatos, muy a pesar de, como anteriormente lo había expresado, ir en contra de quienes diariamente le compran sus productos, para de allí obtener el mínimo vital para su familia. No me dejó terminar.
Interrumpiéndome con una honesta lucidez que envidiaría cualquier reputado estadista de los altos círculos políticos del país, me dijo que sus clientes le compraban frutas, verduras y todo lo que le podía echar a su carreta de acuerdo a la cosecha, porque ellos las necesitaban, así como él necesitaba de los pocos pesos que su ejercicio le producía. Un simple intercambio comercial concluyó.




