El advenimiento de las tecnologías de la información en todos los campos de la vida y los horizontes del porvenir han sido más positivos que negativos, sin duda alguna. Empero, las redes sociales, a pesar de que también han contribuido con la propagación de las informaciones inmediatas -apenas ocurre la noticia- ciertamente se han convertido en lo que alguien describió con tino: unas cloacas.
Igual ocurre con las columnas de opinión, que tienen mayor divulgación por las redes, es decir, se han transfigurado en instrumento de difusión masiva de los opinadores de todas las layas. La crítica sostenida que he venido planteando es cuando los neófitos opinan de temas jurídicos o de connotación legal. He explicado, mil y mil veces que no es que no puedan hacerlo (ni más faltaba, por favor). Lo que se solicita es que sean especialmente cuidadosos -me refiero a los inexpertos en la materia- porque o producen daño o no cumplen con uno de los cometidos más plausibles de las columnas de opinión: hacer pedagogía a una sociedad multiforme como la nuestra. Una sociedad descompuesta.
Cuando se critica al opinador de una columna de opinión, este siempre responde “esa es mi opinión, ¿y qué?”, sobre todo los de provincia. Por ejemplo -sin ironía- el Profesor Universitario, PhD, y columnista de este diario EL PILÓN, Aquilino Cotes, dijo que en Colombia el plagio es un delito. Esa opinión, de alguien que no conoce la materia, es conceptualmente equivocada y, no contribuye a la formación de los educandos ante quienes hizo la errónea afirmación y la divulgó como una anécdota en su columna pasada. La cosa no es por ahí.




