Existe una medida para saber con exactitud si una negociación es genial y legítima, y esta precisamente, debe ser honda en su raigambre y vasta en su floración, decía un gran pensador.
Ciertamente en materia de negociación y procesos de paz, el gobierno que articula el presidente Gustavo Petro Urrego ha visionado una serie de proyectos muy progresistas, especialmente en lo referente a la construcción de una nueva Colombia, ajustada a la balanza de la justicia social. Todos al unísono, proponen diseñar una propuesta de agenda en torno a los acuerdos en el que se plasmen las condiciones de igualdad y justicia social. Pero lo importante aquí, no es dar rienda suelta a un discurso retórico, impregnado de entusiasmo y optimismo, lo fundamental y prioritario, es cimentar un documento más allá de las diatribas y vicisitudes.
Con fundamento en este sano propósito, es menester liderar la compleja maraña institucional en medio de un mundo cambiante a velocidades insospechadas; De allí que Petro Urrego, en calidad de mandatario nacional, viene predicando su visión progresista a una población cada vez más escéptica y frente a líderes políticos cada vez más autoritarios o más débiles.




