COLUMNA

Leandro y Emiliano

La madre naturaleza por ser tan sabia y grandiosa, le dio una mente asombrosa, pudo captar la belleza, pero tan asombroso fué también el sensibilísimo tacto del maestro Leandro Díaz quien fácilmente podía identificar muchas cosas.

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La madre naturaleza por ser tan sabia y grandiosa, le dio una mente asombrosa, pudo captar la belleza, pero tan asombroso fué también el sensibilísimo tacto del  maestro Leandro Díaz quien fácilmente podía identificar objetos, plantas, prendas y hasta comidas mediante los mágicos sensores que tenia en sus dedos, como una forma de compensación que le brindó el todopoderoso ante sus limitaciones físicas.

Emiliano Zuleta Baquero su compañero de muchísimas andanzas y parrandas aseguraba que Leandro en ciertos momentos de su vida podía ver claramente al no encontrar explicación alguna ante ciertas evidencias sobre el particular.

En una ocasión invitados a parrandear por Quine Viloria llegaron a Barranquilla. Allí en la residencia del anfitrión fueron instalados juntos en una habitación y mientras el viejo Mile se fue a la cocina en busca de un café Leandro rápidamente con el tacto recorrió todo el recinto familiarizándose de inmediato con los espacios y los objetos presentes. En una de las paredes sostenido por una par de ganchos estaba un viejo arcabuz. Al regresar su compañero, Leandro sentado en el borde de la cama le comentó: Emiliano en esa pared hay una escopeta. Asombrado el viejo Mile quedó convencido que un lampo milagroso acompañó en ese momento a su amigo invidente.

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