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Leandro, el poeta de la luz

Por José Atuesta Mindiola Leandro Díaz el cantor de la vida, del amor y la esperanza; hoy su espíritu se posa en una nube de versos sobre la arquitectura celeste de su querido país  vallenato. La tristeza por su muerte es leve, si la comparamos con el inmenso regocijo que nos ha regalado la grandeza […]

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Por José Atuesta Mindiola

Leandro Díaz el cantor de la vida, del amor y la esperanza; hoy su espíritu se posa en una nube de versos sobre la arquitectura celeste de su querido país  vallenato. La tristeza por su muerte es leve, si la comparamos con el inmenso regocijo que nos ha regalado la grandeza poética y musical de sus canciones; por eso en vez de llorar por el dolor que nos produce su muerte, los invito a seguir escuchando los memorables versos de sus cantos. 

Maestro Leandro, las lamentaciones por su despedida corporal son apenas un agujero de oscuridad, frente al esplendor luminoso de su perdurable obra musical; por eso en vez de llorar,  demos gracias a Dios, porque le dio el talento inagotable para la música y le permitió  transitar por los largos caminos de 85 atardeceres,  y a nosotros porque nos concedió el privilegio de conocerlo. 
 
En palabras del escritor español, Juan Ramón Jiménez, el arte es un instinto cultivado. Es decir, que cuando el ser humano perfecciona su talante poético,  su sentir y su pensar son análogos con los criterios de la poesía. En Leandro el instinto cultivado fue la luz, esa luz interior para poetizar: la naturaleza con la simetría de sus colores, el silencio taciturno del viento, los gemidos de los árboles, el plumaje cantarino de los ríos, el pensamiento blanco del caracol,  las penumbras de la soledad, el abecedario secreto del amor y hasta  las sonrisas de las verdes sabanas.  

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