La crisis que se generó con EE. UU. el domingo pasado tiene implicaciones de gran calado en la política colombiana, y sobre todo en el futuro electoral del país. La salida del presidente Petro de bloquear dos vuelos americanos con deportados y la reacción desproporcionada de Trump, que reaccionó como un bulldog furioso, poniendo altos aranceles, sanciones a Colombia y suspensión de visas, deja claro que no habrá medias tintas en esta relación. Lejos de arreglarse, lo que vienen son tiempos difíciles, sobre todo para Colombia. Petro, en vez de moderar su discurso, lo ha acentuado, insistiendo en que no recibirá migrantes esposados y que los migrantes que llegaron no eran delincuentes, como los llamó Trump, mientras Marco Rubio descalifica al presidente de Colombia con términos irrespetuosos. La relación cada día está más tirante.
¿Pero por qué juega tan duro Petro, arriesgando la estabilidad económica del país y provocando a un bulldog rabioso, obsesivo como Trump?
Porque, en primer lugar, Petro sabe que Trump lo escogió entre su corte de enemigos. Para que tengan una idea, lo ha tratado peor que al mismo Nicolás Maduro, a quien le envió un delegado para conversar sobre presos políticos, migración y petróleo. Esto le da oxígeno a Maduro y ha generado que diga que se puede iniciar una agenda cero. Así que los que pensaban que Trump sacaría al dictador de Venezuela, mejor que se vayan olvidando.
Siguiendo con Petro, es claro que al enfrentar al poderoso imperio yanqui se victimiza; siempre la gente estará con el más débil, además de generar un nacionalismo que lo beneficie y distraiga al pueblo colombiano sobre la situación caótica que vive en el país en diferentes temas como el costo de vida, el desempleo y, en especial, la violencia, que está literalmente desbordada y tiene gran parte del país tomado por las bandas criminales: La Guajira, Cauca, Arauca y, en especial, el Catatumbo, donde ya pasan de 50.000 los desplazados y más de 100 muertos en una guerra sin sentido entre el ELN y las disidencias FARC.




