Mauricio García Villegas, autor del libro ‘el país de las emociones tristes’, nos habla del balance emocional que caracteriza nuestra cultura, relacionadas con las emociones subyacentes al debate político. Mauricio nos convoca a entender las miserias que hemos vivido los colombianos a lo largo de dos siglos de vida republicana, resalta que este producto es lo Baruch Spinoza llamaba las emociones tristes.
En Colombia, como en todos los países (y en las personas), el odio, la venganza, la envidia, la malevolencia, el desprecio, la animosidad, el resentimiento, la amargura y otros sentimientos de este tipo conviven con sus opuestos, la empatía, el perdón, la cordialidad, la benevolencia, el cariño, la colaboración y la compasión. La hipótesis de Mauricio describe que nuestro balance, sobre todo, en el ámbito de la cultura política, ha estado demasiado inclinado hacia los sentimientos tristes y, como consecuencia de ello, hemos tenido demasiados conflictos que se habrían resolver pero que terminaron en una guerra, demasiados proyectos necesarios y consensos que se rompieron por nimiedades, en síntesis, demasiadas buenas ideas estropeadas por malas emociones. (pág. 22)
Más adelante en la página 162, el autor nos recuerda que el imperio del rencor empezó mucho antes, en la colonia, con las peleas entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro, con las contiendas en la Real Audiencia entre el virrey y el arzobispo, con los rencores de todas las comunidades religiosas contra los jesuitas, con el aborrecimiento de los habitantes de Tunja y de El Socorro contra los santafereños. De la colonia pasamos a la República, con nuevas normas, nuevos ideales y nuevos propósitos, pero nada de eso impidió que los viejos enconos siguieran su curso.




