La confianza sin obras nace rota. Cualquier palabra, por más bella y bien intencionada, se la lleva el viento. Los vallenatos sí que lo sabemos bien: nos han indigestado a punta de promesas por varias décadas. Y ya está bueno que el cántaro vaya tantas veces al agua; termina rompiéndose, y más si el agua es escasa. Con Emdupar, con lo que pasó hace pocos días, no podemos hacer lo mismo, esperar y quedarnos quietos, viviendo de intenciones. Hay que estar encima, exigiendo y haciendo rendición de cuentas hasta acostumbrar a todos los servidores públicos a hacer de la buena gestión, de lo heroico, un hábito.
El viernes pasado a los vallenatos nos amanecieron con la noticia de que, ante la total incapacidad de nuestros dirigentes locales, se nos metieron aquí, ‘a la casa’. La Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios (Superservicios) tomó posesión de la Empresa de Servicios Públicos de Valledupar (Emdupar).
La noticia me dejó con más inquietudes que certezas. Por un lado, ya había señalado que Emdupar estaba lejos de cumplir con su objetivo social de garantizar servicios de acueducto y alcantarillado con la calidad, continuidad y cobertura que necesitan y merecen los habitantes de la ciudad.




