Son tiempos de cambios, y en las causas proselitistas sí que se están notando. Tener en el sillón presidencial a un representante de las fuerzas alternativas, manda un perentorio mensaje al país sobre el extraordinario giro que en los territorios también se puede suscitar con el manejo del poder.
La política como la conocimos en las últimas décadas, más temprano que tarde está condenada a su extinción. Dignificar su ejercicio y honrar los recursos públicos debe ser finalmente el derrotero.
Y no se trata de venir y tratar a los políticos de toda una vida como leprosos a quienes hay que estigmatizar y apartar socialmente. No faltan los que han cumplido sus funciones con decoro y verdadera vocación de servicio. Recuerden que no todo lo viejo es malo, ni todo lo nuevo bueno. El bandido tarde o temprano paga, pero mientras los procesos y las condenas no aparezcan, es menester ofrecer a todos los actores políticos, tratos dignos e igualitarios. Recuerden que la presunción de inocencia y el debido proceso son derechos fundamentales de todos los ciudadanos.




