COLUMNA

La vida gira en torno a los árboles

Los árboles son sagrados, la vida humana gira en torno a ellos: son los guardianes del camino de los ríos, albergues de la intimidad y el descanso de los pájaros, y esculturas naturales en la policromía del paisaje. Además, de la frondosidad de sus ramas, de sus frutos vitales, producen el oxígeno para la respiración. […]

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Los árboles son sagrados, la vida humana gira en torno a ellos: son los guardianes del camino de los ríos, albergues de la intimidad y el descanso de los pájaros, y esculturas naturales en la policromía del paisaje. Además, de la frondosidad de sus ramas, de sus frutos vitales, producen el oxígeno para la respiración.

En las regiones tropicales, para los caminantes cuando el sol moja las espaldas la sombra de un árbol es como un racimo de lluvia en la mitad del desierto a mediodía.

Un árbol en la ciudad es más que una sombra que aprieta recuerdos y emociones en la agitada ceremonia de las calles. Es un escudo de la contaminación de los ruidos y de los gases. El árbol es un aliado defensor del ambiente: siente, llora, canta y espera siempre morir de pie. Con sus flores deletrean los colores de la luz. Un árbol es para el mendigo el sombrero de su alcoba y del perro la pared de su llovizna.

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