COLUMNA

La utópica democracia directa

Así sucede con el Presidente, al momento de expedir los decretos legislativos, y con los congresistas al momento de votar un proyecto de ley.  

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La famosa frase de Abraham Lincoln, que define la democracia: “como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, no pasa de ser una frase retórica porque los gobiernos democráticos se rigen en su inmensa mayoría por democracias representativas, también conocidas como democracias indirectas, es decir el poder se ejerce a través de los representantes del pueblo elegidos por voto popular, que, en teoría, toman decisiones a nombre de su electorado, pero que en la praxis deciden bajo su entera responsabilidad. 

Así sucede con el Presidente, al momento de expedir los decretos legislativos, y con los congresistas al momento de votar un proyecto de ley.  

En la antigua Grecia se dio un sistema democrático donde el pueblo era quien decidía directamente. No obstante, estos sistemas de gobierno por el crecimiento de la población, propiciaron la democracia representativa y Colombia por mandato de la Constitución Política es un Estado Social de Derecho, constituido como república unitaria, democrática y participativa, donde la soberanía reside directamente en el pueblo quien lo ejercerá por medio de sus representantes. Es más, ni siquiera las comunidades indígenas en estos momentos practican la democracia directa, pues ejercen el poder a través de sus autoridades tradicionales quienes deciden lo que consideran más acorde al interés general. 

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