Con la reciente victoria de Donald Trump en las elecciones de 2024, el panorama político de Estados Unidos ha confirmado la tendencia hacia una polarización cada vez más marcada. Lejos de ser solo un enfrentamiento de ideas, la política en EE. UU. se ha convertido en un terreno donde la cohesión social se disuelve en antagonismos extremos.
La contienda entre Trump y Kamala Harris no solo fue una competencia electoral; representó la culminación de un proceso en el que los votantes deben escoger entre opciones que reflejan los extremos de un espectro dividido.
Este escenario no es fortuito. Josep M. Colomer, politólogo y profesor de la Universidad de Georgetown, sostiene que el sistema institucional de Estados Unidos, con su rígida separación de poderes y un sistema bipartidista dominante, fomenta rivalidades feroces y territoriales que solo se han contenido en momentos de amenaza externa, como la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Según Colomer, la estructura de poder estadounidense, diseñada en un contexto de malentendidos históricos y modelos políticos obsoletos, no permite gestionar la polarización interna de manera efectiva.




