COLUMNA

La tragedia de ser político

La política bien llevada, convierte al hombre en un apóstol de las comunidades.

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“El día en que abandonemos las actividades políticas, estaríamos condenando a nuestra sociedad al olvido.” F. Cotes.

Dentro de una sociedad como la nuestra en que todo se analiza, si es que de analizar se trata, cualquier actividad que se ejerza por muy noble que sea, no deja de mirarse bajo el peso de la duda y además bajo el peso del dolo, pues en forma cotidiana se están sucediendo hechos lamentables sobre todo en el campo de la política, que nos obligan a calificar esta actividad como propia para deshonestos, degradándola totalmente y relevándola a lo más rechazable dentro de las actividades del hombre, como una especie de lumpen dentro de las teorías Marxistas, siendo esta profesión de las más nobles dentro del entorno social en donde sus protagonistas, los políticos, por el solo hecho de ejercerla, deben armarse de una sensibilidad y sacrificio social, propia para los nobles de corazón. 

La política bien llevada, convierte al hombre en un apóstol de las comunidades.

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