Existe una popular fabula, que es aplicada a la mayoría de gobernantes que después de haber transcurrido un tiempo prudencial de su mandato, analizada su gestión y contrarrestada sus decisiones, la mayoría de los electorales indagan como el viejo al joven en la Tortuga arriba del poste: ¿Cómo llego ahí?, ¿no puedes creer que este ahí?, ¿cómo puede estar ahí?, ¿no pudo subir sola ahí?, ¿no debería estar ahí?, ¿mientras este ahí no podrá hacer nada útil? Y la única, honesta y conveniente conclusión que lleguemos es “lo único sensato sería ayudar a bajarla de ahí”.
Este relato literario nos deja una profunda enseñanza y consejo moral, puesto que a través de la historia política del país hemos elegido a nuestros gobernantes sin analizar propuestas, capacidades, estructura y servicio, lo que nos ha conllevado a entregar los destinos de nuestras comunidades en muchos casos a personas sin el conocimiento político, administrativo, social y económico de nuestro conglomerado.
Es por ello, que transcurrido su mandato se incrementa la desconfianza, el inconformismo, rechazo y desesperanza en las administraciones, puesto que algunos gobernantes, a pesar de adelantar algunas obras en su territorialidad, estas no representan un cambio profundo y de fondo en las condiciones de vida y bienestar de sus habitantes, puesto que es inaudito e inexplicable por ejemplo que nos gastemos miles de millones del erario en obras de embellecimiento o esparcimiento, mientras nuestra educación, salud o servicios públicos púbicos se encuentran relegados y en pésimas condiciones.




