COLUMNA

La reforma política en la encrucijada

Reformar las instituciones políticas para que todo siga igual o peor constituye una lamentable práctica política de los partidos políticos.

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Reformar las instituciones políticas para que todo siga igual o peor constituye una lamentable práctica política de los partidos políticos, bajo la dirección de líderes fuertes con conductas de caudillos en los parlamentos de las sociedades contemporáneas. 

En especial, en los parlamentos que por ausencia de autonomía ante el poder presidencial son débiles en las sociedades latinoamericanas. Esta práctica está en contra de la madurez de las instituciones políticas de una sociedad democrática, madurez que solamente es posible alcanzarla si la política alcanza la dimensión de ser el arte de gobernar para el bien común. 

El gobierno para el bien común y la institucionalización de un Estado justo es el norte de la política, por lo que el fin de una reforma política como la que se tramita en el Congreso de nuestra República, no puede ser otro que, mejorar las instituciones políticas para que se institucionalice y estabilice una buena política. 

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