Por Luis Augusto González Pimienta
Jamás me hubiera figurado que llegaría a esta edad provecta reconociendo verdades que antes negué. No hacerlo supondría un ejercicio estéril de tozudez, como contradecir hoy la teoría copernicana del heliocentrismo.
Comienzo con una explicación necesaria por la interpretación errónea o distorsionada que es común en los malquerientes del opinador. No soy comunista, tampoco socialista. No participé en mítines, paros, huelgas, asonadas ni nada que se le pareciera. Siempre proclamé la solución pacífica y concertada de los conflictos. El razonamiento fue mi herramienta y la paz mi bandera. Desde el bachillerato tuve motivos y ocasiones para alzarme como Galán, el comunero, pero preferí el diálogo constructivo a la reyerta.




