COLUMNA

La política, el político, la farsa y el farsante

Antes que todo quiero comentar que la política bien entendida es el arte y la ciencia de manejar las comunidades en busca de su bienestar.

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Antes que todo quiero comentar que la política bien entendida es el arte y la ciencia de manejar las comunidades en busca de su bienestar; es una de las grandes profesiones de carácter humanístico más profunda e interesante, pues la sensibilidad social prima sobre los intereses personales y la filantropía es una de las características que encierra en su expresión conceptual, que entre otras cosas nos indica que solo debe ser ejercida por personas que manejan  el valor como un pensamiento inclinado a la capacidad de escuchar, más que a la de opinar, en donde las apariencias sobran y la buena fe dirige las decisiones.

El político es un verdadero apóstol de las comunidades como lo fue Jesús, que en su forma de manejar la verdad y sentirla, la atracción por sus prédicas crecía, y era escuchado con devoción, y así redimió a un mundo entero; semejante a Jesús existieron, han existido y existen verdaderos líderes del mundo que defienden y trabajan en forma asidua por su gente y la dignidad en su forma de vida.

La política es la rama del ejercicio de los actos nobles a través de la bondad del actor, que es quien representa la oportunidad de vida mejor para un conglomerado y que no es otra cosa que el político, que bien entendido es quien reparte justicia al ejercer la política.

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