Por José Atuesta Mindiola
El árbol es una bendición de Dios. En una ciudad calurosa como Valledupar, un árbol a mediodía es como un racimo de lluvia en la mitad del desierto. Además, de producir el oxígeno que es indispensable para la respiración de los seres aeróbicos, los árboles ayudan a disminuir las contaminaciones del humo y de los ruidos.
La destrucción de los bosques y de la quema indiscriminada de combustibles fósiles, como el carbón y la gasolina están produciendo un exagerado incremento del contenido en anhídrido carbónico en la atmósfera, este fenómeno se conoce como efecto invernadero, y la consecuencia inmediata es el aumento de la temperatura media de la superficie de la Tierra o el recalentamiento global. Todas las ONG ambientalistas están en campañas pedagógicas por defensa de la conservación de los bosques y promueven la utilización de energía no contaminantes.




