COLUMNA

La Paz es mi pueblo

La reflexión de los pacíficos cambia el destino, porque son la esperanza que trae el dolor. No nací bajo una tarde de sol y el destino no ha marcado el sendero de mi canción, pero de qué está escrito y compuesto en La Paz, no hay duda sobre ello, porque esa es la fuerza de mi expresión.

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En mi recorrido por el paseo Bolívar, en pleno centro de Los Robles, mientras al fondo escuchaba las melodías de ese clásico de Oñate: ‘Te quiero porque te quiero, porque me nació quererte’, en mis añoranzas solo voy pensando en el miedo que tengo de perderme en la ruina de la infamia que poco a poco va quitando la sonrisa de esta casa de bahareque que para mis antepasados significó mucho, pero hoy para nosotros es poco.

Solo soy un alma pacífica que habita entre los viejos caminos que enmarcan a mi pueblo, donde rondan los recuerdos perdidos de hombres llenos de versos de esperanzas. Cuentan mis remembranzas que en la calle ‘Párate Firme’ vivió Crispín Moscote Frías, oriundo de Cañaveral, San Juan del Cesar. Crispín estuvo casado con Emilia Torres, con quien construyó su hogar en un inicio en San José, donde se desempeñó como el primer inspector en la comunidad y perteneció activamente al partido Liberal.

Me cuenta que en su estancia en San José vivió la llegada de nuevos coterráneos a la zona y otros de mala procedencia. Como inspector tenía la tarea de vigilar y desarmar, por eso tenía una cajita con las cuchillas que le quitaba a esos nuevos “cachacos” que llegaban. Recuerda que en su momento, el presidente de ese entonces Gustavo Rojas Pinilla envió regalos para los niños de San José, momento en que no estaba muy arraigada la tradición de los regalos por parte del niño Dios.

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