Por Jaime Palmera Pineda
Viví mi niñez en dos mundos diametralmente opuestos, el primero junto a mi madre y mis hermanos en la fría y grande capital del país mientras estudiaba y el otro junto a mi padre y mis primos en la cálida provincia cuando disfrutaba de mis vacaciones.
De ambos tengo muchos recuerdos pero indudablemente los mejores y más gratos son aquellos de mis días en Valledupar y por extensión en Urumita, cuna de mis ancestros por parte de mi abuela paterna.




