Por Julio C. Oñate Martínez
Si el que come carne es carnívoro, herbívoro el que de hierba se alimenta y omnívoro el que engulle de todo, creo que yo soy un consumado patívoro. Me encanta el pato y me lo como preferiblemente guisado con jengibre.
He devorado cualquier cantidad de pisingos, barraquetes, pato real y, criollo, pato “yuyo” con su característico sabor a pescao, un par de ocasiones el cada vez más escaso pato cucharo, y ni el aristocrático ganso se me ha escapado, por eso donde escucho el graznido de algún palmípedo, paro la oreja y le sigo el rastro.




