Por Hernán Maestre Martínez
Retomando el hilo de la propuesta planteada, en el escrito pasado, continuamos diciendo que esta propuesta exige un cambio de mentalidad colectiva, tanto en quienes gobiernan como quienes ostentan la condición de ciudadanos.
Los primeros deben incorporar en su cultura su condición de servidores públicos, obligado por ello a aceptar los deseos colectivos, metodizándolos, haciéndolos viables para que resulten eficientes y eficaces, pero alejándose de toda imposición, asumiendo con respeto absoluto la voluntad ciudadana, cuyo papel no puede limitarse a la escogencia, cada cierto tiempo de quienes han de gobernar para, después de ser elegidos, actuar según su personal y autoritario criterio.




