Por Valerio Mejía Araújo
“Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda”.
1° Timoteo 2:8
¡Cuán marcado y fuerte es el mandamiento de Cristo, que nos envía desde la ostentación en el dar y el orar públicamente, a la privacidad de nuestros lugares secretos de oración, en donde a puertas cerradas y rodeados por el silencio, estemos a solas con Dios en oración!




