La conocida frase que reza que: “en la guerra la primera víctima es la verdad”, pronunciada por Hiram Johnson, cada día cobra mayor vigencia, no es sino escuchar el reporte de bajas de uno y otro bando para constatar su veracidad.
Pues bien, el periodismo no es ajeno a esta realidad. Es así como un mismo hecho puede ser informado desde ángulos distintos, es el clásico ejemplo del vaso de agua, puede verse medio lleno, o medio vacío, sin que se falte a la verdad. Es ahí donde entran otros factores que son los intereses, qué conviene más, afirmar lo primero o expresar lo segundo.
La información sobre desastres naturales transmitida “en caliente” desde el lugar de los hechos está ceñida por la inmediatez, y es así donde fácilmente se puede incurrir en errores de percepción. Desde luego, la opinión pública querrá saber las causas del siniestro, el número de víctimas, y el número de familias damnificadas, y todo ello toma tiempo, pero el afán de dar la noticia puede llevar al reportero al terreno de la especulación que es tanto como caminar por el delgado hielo.




