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La movilidad en las glorietas

Por Óscar Ariza Daza Las glorietas en Valledupar que desde hace muchas décadas se convirtieron en uno de los íconos que simbolizaban mejor el ideal urbano de la ciudad; hoy representan un enorme impedimento para la normal movilidad. De esas construcciones adornadas con monumentos o plantas exóticas que embellecían el entorno urbano, pasaron a ser […]

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Por Óscar Ariza Daza

Las glorietas en Valledupar que desde hace muchas décadas se convirtieron en uno de los íconos que simbolizaban mejor el ideal urbano de la ciudad; hoy representan un enorme impedimento para la normal movilidad. De esas construcciones adornadas con monumentos o plantas exóticas que embellecían el entorno urbano, pasaron a ser estructuras obsoletas que más allá de facilitar el retorno de vehículos, se han convertido en un foco de embotellamiento, en sitio de alto riesgo de accidentes y en catalizador de estrés y agresividad para qienes tienen que enfrentarse en una puja inmisericorde por pasar de un lado a otro, en la medida que se lo permiten.

Los puntos más críticos de movilidad en la ciudad precisamente están localizados en la glorieta de la Ceiba, la de los Gallos, la de la María Mulata y quizás la que más atenta contra el libre y seguro tránsito de vehívulos es la glorieta de Mi pedazo de acordeón, que pese a la aparente preocupación de la autoridades de tránsito a determinadas horas para hacer laboratorios que mejoren la movilidad allí, éstos producen efectos posteriores en sectores cercanos a ella principalmente en las entradas al barrio Villalba y en la zona de acceso hacia la Avenida Sierra Nevada que conduce hacia un sinúmero de conjuntos residenciales.

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