Por Leonardo José Maya
A los seis años mi tía Zoraida cambió mi mundo incierto por uno apasionante: me contaba historias de marinos intrépidos que desafiaban las tormentas de media noche cantando versos de amor, me hablaba de héroes valientes que enfrentaban ejércitos inmensos sin perder jamás la fe.
Sus príncipes eran jinetes temerarios que saltaban en sus caballos prodigiosos a rescatar princesas que morían de amor mirando la luna en balcones custodiados por guardias feroces.




