Siempre será mejor ver a Rodrigo Londoño, ‘Timochenko’; Julián Gallo o ‘Carlos Antonio Lozada’; Pablo Catatumbo; Jaime Parra, alias Mauricio Jaramillo o el Médico; Milton de Jesús Toncel, ‘Joaquín Gómez’, Pastor Alape y Rodrigo Granda, sometidos a la la Jurisdicción Especial para la Paz y no como los conocimos las generaciones mayores de 40 años de nuestro país; en un conflicto armado, que en especial padecian las zonas rurales de municipios donde además de la zozobra propia de la violencia, la lucha contra la pobreza evidenciaba años perdidos.
Siempre será mejor evidenciar que el acuerdo final de paz, suscrito entre el Gobierno nacional y la FARC – EP, aunque no es perfecto, evita el sacrificio de personas, familias, ancianos, mujeres y niños. Mejor ver a los señores antes mencionados, sentados en condición de excombatientes y sometidos a las sanciones de distinto tipo del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No repetición, donde la JEP, es el componente de justicia o el componente judicial de ese sistema.
Seguramente producto del desconocimiento del marco de las competencias y funciones de la JEP o simplemente porque las circunstancias propias de los debates conceptuales conllevan valoraciones de toda índole, se piensa que la JEP ‘no tiene dientes’; pero es claro que la JEP sí tiene como imponer sanciones. Sanciones de distinto tipo y que se conocen como propias, alternativas u ordinarias y dependerán del aporte de verdad que realicen los comparecientes al sistema.




