El pasado jueves me llamaron unos productores de algodón del Cesar y La Guajira a contarme que les había ido muy bien en la cosecha del algodón, pero no tan bien con el pago oportuno por parte de las cooperativas que comercializaron las producciones de la fibra a la industria textil.
Doce años atrás, la ola invernal asociada con el Fenómeno de la Niña (a finales del año de 2010), destruyó todos los cultivos de algodón en el departamento de Córdoba, ocasionando enormes pérdidas económicas a los agricultores de esa región. El gobierno, les tiró un salvavidas que estaba roto, pues solo les ayudó a cubrir una parte mínima de la cartera con la banca y las casas de insumos. Como no tenían cómo pagar el resto de sus deudas, fueron reportados ante las centrales de riesgo, lo cual imposibilitó cualquier posibilidad de un nuevo crédito para reponer sus cultivos.
A raíz de estos problemas de riesgos climáticos, de comercialización y crédito bancario, fue que nació la línea de crédito bautizada con el nombre de ‘Integrador Bursátil’; un esquema que permite blindar los recursos del crédito, asegurar la compra anticipada de la cosecha, girarles al productor un anticipo de hasta el 80% del costo de producción de su cultivo, brindarle un mejor servicio de asistencia técnica y ayudarle a gestionar un seguro contra el riesgo climático. Vamos a explicarles con un ejemplo, cómo funciona este importante instrumento de fomento a la financiación, comercialización y cobertura de riesgos, reglamentado por Finagro y la Bolsa Mercantil de Colombia. Me disculpan que les eche el cuento como suelo hacerlo con funcionarios de la banca, empresarios, agricultores y de la academia.




