Debemos afrontar con compromiso para brindar solución, sin indiferencia, con civismo y con un alto grado de madurez el problema cada día más álgido y destructor que propicia la indigencia en el país.
Esta afirmación surge como consecuencia a la innegable existencia de un abultado número de niños, jóvenes y adultos que hoy por hoy se encuentran atrapados por el infernal mundo de las drogas engrosando así, el muro rígido de la miseria y la pobreza. Por ello, es el momento de cimentar, de construir en una sola voz estrategias conducentes a demandar del Estado su concurso decisivo, tras la finalidad de poner fin a este arraigado y ancestral fenómeno.
En este sentido y para ventilar soluciones urgentes a este garrafal flagelo, es fundamental asimilar la indigencia desde un hito histórico de dimensiones colosales y orbitales que lacera y carcome la conciencia y la razón de los seres humanos.




