COLUMNA

La incultura ataca las esculturas

¿Quién conocedor del vallenato dudaría que Rafael Escalona Martínez, Consuelo Araujonoguera, Leandro Diaz Duarte o Alejandro Durán Díaz, por solo mencionar algunos, merecen una escultura o un busto, por lo menos en los pueblos donde nacieron?

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Han pasado más de 60 años desde cuando en Valledupar y la región se decidió que la cultura y más concretamente la música folclórica nuestra, llamada vallenato, sería nuestro referente a nivel nacional e internacional y solo hasta en los últimos cinco años nos dimos cuenta que se hacía necesario, de una parte, convertirnos en vitrina turística por nuestra música, y de otra, rendirle un sentido homenaje a aquellos artistas que lograron penetrar en el alma y corazón de colombianos y extranjeros creando museos, parques temáticos, esculturas y otros símbolos que nos identifican.

¿Quién conocedor del vallenato dudaría que Rafael Escalona Martínez, Consuelo Araujonoguera, Leandro Diaz Duarte o Alejandro Durán Díaz, por solo mencionar algunos, merecen una escultura o un busto, por lo menos en los pueblos donde nacieron?

¿Cuál experto en música del Caribe colombiano pensaría que con los aportes de cantantes como Diomedes Díaz o Jorge Oñate no amerita que los gobernantes locales le rindan homenaje con un monumento que tenga su rostro o su figura? 

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