COLUMNA

La humildad

“…Que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”. Romanos 12,3. Humildad es el reconocimiento de las limitaciones y debilidades propias y el poder obrar de acuerdo con ese conocimiento. Nuestra relación […]

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“…Que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”. Romanos 12,3.

Humildad es el reconocimiento de las limitaciones y debilidades propias y el poder obrar de acuerdo con ese conocimiento. Nuestra relación con Dios debe estar asociada con un espíritu humilde y afable. La humildad es el fundamento de esa relación de amor y de pacto. Es el reconocimiento de mi vacuidad frente a su plenitud, es saber que estamos quebrados sin su integridad y desamparados sin su fortaleza. 

Cuando nos sentimos grandes con nosotros mismos, fuertes y optimistas sobre nuestro futuro y confiamos en el camino en que andamos, es porque estamos hinchados de vanidad. Lo contrario a ese engreimiento sería la sabiduría de tener una correcta estimación de nuestras propias limitaciones. Al descubrir la grandeza de Dios nos queda fácil reconocer nuestra impotencia y nos humillamos con gozo delante de su majestad.

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