Gracias a la Fundación Carboandes por el apoyo para la edición de mi libro La voz vegetal del viento. La carátula es un óleo sobre lienzo del pintor Efraín ‘el Mono’ Quintero, y el prólogo del escritor Miguel Barrios Payares.
El libro es una antología de textos publicados en EL PILÓN, El Tiempo y El Portal vallenato; un propósito esencial de la obra es rendir homenaje a mujeres trascendentes en la escritura y la docencia en esta región. Una de esas docentes es Soledad Pérez Monsalvo. He aquí el texto:
La soledad es una estancia del silencio. Un monólogo circular en el tiempo de la ausencia. Pero si hay soles en la soledad, esa luz será diadema para sentir los pálpitos del aire, el brillo de los ojos, la voz de los niños y la fuerza sempiterna del amor. En Soledad Pérez Monsalvo su nombre fue una metáfora, porque nunca estuvo sola, muchos soles brillaron en su dignidad de mujer y maestra. Desde pequeña, los suyos empezaron a llamarle ‘Sole’, por el color áureo de su piel y su cabello, y porque era apócope de su nombre; también la llamaban así sus compañeros docentes y sus estudiantes.




