COLUMNA

La dictadura del cemento

Los doce años de la era Monsalvo Gnecco en la Gobernación del Cesar serán recordados por el horroroso detrimento de nuestros indicadores sociales, por el gasto de las regalías del carbón a espaldas de nuestra realidad económica y por una contratación pública reservada a contratistas foráneos, en la que las obras inconclusas son directamente proporcionales […]

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Los doce años de la era Monsalvo Gnecco en la Gobernación del Cesar serán recordados por el horroroso detrimento de nuestros indicadores sociales, por el gasto de las regalías del carbón a espaldas de nuestra realidad económica y por una contratación pública reservada a contratistas foráneos, en la que las obras inconclusas son directamente proporcionales a las adiciones en dinero del 50% en cada contrato. 

Eso sí, todo maquillado en una tan costosa como impactante campaña publicitaria, encargada de ponderar las ambiciosas bondades del proyecto, pero soslayando la catástrofe del detrimento patrimonial en que se constituye una inversión oficial, cada vez que no alcanza el impacto programado dentro de la comunidad. Como parte de la estrategia aparecen las construcciones en zonas de alto flujo, sin importar que allí tal vez es peor la cura que la enfermedad.     

Así destruyeron el tradicional estadio de fútbol, compraron un barrio vecino, agotaron las adiciones del contrato y hoy Valledupar está sin estadio, sin barrio y sin el dinero gastado en una obra que lleva varios gobiernos y aún no se termina. 

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