Según la definición griega de democracia, esta es el “gobierno del pueblo”, un constructo ideológico para ejercer el poder con anestesia, abusando de la gente. Nos han dicho que en democracia existen tres poderes autónomos e independientes que confluyen para darle forma a la antigua definición, así lo concibió Montesquieu. Pero debajo de esta palabreja subyacen otros poderes como la prensa, llamada el cuarto poder, esa que se encarga de darle maleabilidad a las expresiones y acciones de los gobiernos, periodismo prepago; esa que convierte mentiras en verdades y convence a toda una Nación de que son correctas las políticas y acciones del gobierno; hoy ya no es prensa sino medios digitales.
Por lo general, los pueblos no gobiernan, al menos en las republiquetas bananeras como Colombia donde se impone una élite excluyente llamada plutocracia, la cual administra el erario. Pero a estos medios de validación política les salió competencia de poder, se trata de la Registraduría; siempre se ha dicho que quien escruta gana y ha sido así. Muchas de las guerras civiles que tuvimos se debieron a la insatisfacción con los resultados electorales. En un país de pillos, construir una incipiente democracia ha costado mucha sangre así esta sea fácil y susceptible de perfectibilidad que algunos no quieren.
Ahora ganar procesos electorales es mucho más eficaz utilizando tecnologías de punta, los software, que en apariencia transparentan este proceso. La Registraduría nuestra se convirtió en un monstruo, un imperio dentro del Estado. Para las elecciones venideras ya está desarrollando varias estrategias inquietantes. Le pidió la renuncia a los registradores regionales y locales y la contratación de un nuevo software se hará a dedo, después de declarar desierto el concurso para hacerlo.




