Al adentrarme en mi lectura la semana, En Defensa del Humanismo de Alejandro Gaviria, siendo este un compendio de los discursos que él ha dado (libro recomendado para esas personas que necesiten un respiro de sus vidas y quieren pensar en otra cosa que el día a día), me encontré reflexionando sobre un tema contemporáneo que resuena profundamente en la cabeza de todos, pero casi nadie menciona en voz alta: la carga de expectativas impuestas por generaciones pasadas sobre las presentes.
El concepto de “cordura intergeneracional“, como lo describe Gaviria, destaca cómo estas expectativas pueden sobrepasar y hacer contraproducente la efectividad de las generaciones actuales, traduciéndose en ansiedad y presión.
Es evidente que las generaciones anteriores, con sus ambiciones y sueños no realizados, a menudo transfieren estas expectativas a las jóvenes, creando un entorno donde se espera que cada individuo logre múltiples metas simultáneamente y a un ritmo acelerado. Esta situación no solo proviene de presiones externas, sino también de las internas que nosotros mismos nos autoimponemos, como menciona el autor.




