Es un sentimiento que emana del entendimiento sobre el sufrimiento de otro ser, que lleva hasta la compenetración con el mero espíritu de apaciguar la acción dolorosa, y si es posible, eliminarla por completo.
Es una especie de empatía, solo que esta se queda en el deseo de actuar. La compasión estremece, humaniza y nos enriquece el espíritu y entonces brotan las palabras oportunas frente al abatido.
La compasión es el deseo complementado con la acción que nos lleva a ser mejores seres humanos, solidarios y más felices, ya que nos hace sensibles a los problemas y dificultades sociales; es una práctica del espíritu que nos libera del odio, resentimientos, egoísmos y nos dirige a ser lo que verdaderamente somos y sentimos, a respetar los sentimientos de los demás, a aceptarlos como verdaderamente son y reconocerles ante Dios y el prójimo.




