COLUMNA

La cátedra Gustavo Gutiérrez

El maestro Gustavo Gutiérrez es precursor de la lírica romántica de la canción vallenata. Desde joven, comprendió que lo suyo era la música; se dejó llevar por las musas y entendió que la poesía es el viaje por las estaciones sonoras de los sueños…

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En la semana anterior, la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, UNAD, sede Valledupar, en el marco del IV Festival Universitario de Música Vallenata fue homenajeado el maestro Gustavo Gutiérrez. Hubo un conversatorio sobre su ‘Vida y obra musical’, y participaron: la decana la facultad de Artes y Humanidades, Viviana Vargas; Tomás Darío Gutiérrez, Rosendo Romero, Efraín Quintero, Agustín Nieves, Estela Durán, Martha Guerra y quien esto escribe.

El maestro Gustavo Gutiérrez es precursor de la lírica romántica de la canción vallenata. Desde joven, comprendió que lo suyo era la música; se dejó llevar por las musas y entendió que la poesía es el viaje por las estaciones sonoras de los sueños, por los amores que cambian el tamaño de las horas y vencen las distancias, por los saltos del niño que ya no juega en el patio, por los pájaros que huyen del relámpago y buscan las brisas del río, por los soles de la tarde que se esconden cuando la nubes besan las montañas, por las espinas que hieren los pasos del camino y por los cerros que otean la visita de los ángeles para alejar la violencia.

Las primeras andanzas de Gustavo por el cancionero vallenato fueron en 1963; en una inolvidable noche, acompañado con las guitarras de Hugues Martínez y Carlos Espeleta, estrena sus composiciones: La espina, Confidencia y Suspiro de alma. Un nuevo estilo, porque su inclinación por la música ya estaba marcada por los genes de los abuelos y de su padre, que tocaban en el piano valses, boleros y algunos ritmos europeos. Además, alimenta su talento musical con la temprana afición por la poesía: ante sus ojos, y para deleite del espíritu, pasaron páginas inolvidables de grandes poetas, entre ellos: Porfirio Barba Jacob, Julio Flores, Jorge Robledo Ortiz, Gustavo Adolfo Bécquer, Antonio Machado y Federico García Lorca. Recuerda que en el Colegio Antonio Nariño de Valledupar, con el profesor Ricardo González, comenzó a conocer los secretos de la métrica, los acentos y las rimas.

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