Por: José Gregorio Guerrero
A Otti, mis recuerdos y mi alma. Lo recuerdo sentado en un taburete frente a una mesa de madera, bajo una fronda de mango de azúcar curucuteando alguna parte eléctrica.
Tenía una pieza de madera (pintada de verde menta por él mismo) en donde guardaba todas sus herramientas, colgadas cuidadosamente ordenadas, por tamaño, usos; y que solo él podía manipularlas. Me gustaba visitarlo a pesar de mis diez años (nada coetáneos), y hablábamos largas horas sin parar.




