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La avenida del río Guatapurí, entre lo funcional y lo ambiental

Uno de los grandes problemas de Valledupar es su movilidad, su desarrollo urbanístico no es coherente con el de su sistema vial; casi todo el desplazamiento vehicular ocurre en los sentidos norte – sur – norte y solo cuatro calzadas dobles hacen ese recorrido, dos que parten desde el Terminal de pasajeros y dos, las […]

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Uno de los grandes problemas de Valledupar es su movilidad, su desarrollo urbanístico no es coherente con el de su sistema vial; casi todo el desplazamiento vehicular ocurre en los sentidos norte – sur – norte y solo cuatro calzadas dobles hacen ese recorrido, dos que parten desde el Terminal de pasajeros y dos, las carreras 11 y 12, que cubren media ciudad. 

Desde hace años los planificadores urbanos han pensado en habilitar la carrera 4.ª como doble calzada, pero parece que factores de costos han diluido esa idea. Ahora la Gobernación del Cesar ha tomado la iniciativa de construir la avenida del Guatapurí y tiene los recursos para hacerla. 

Sin embargo, surge la polémica entre el ambientalismo y la funcionalidad y nos corresponde a todos opinar sobre esta para ayudar a resolver este galimatías filosófico pese a no ser expertos en la materia, pero hay cosas que son de Perogrullo. Se dice que todo en extremo es malo, menos la gratitud. No todo lo que parece daño ambiental lo es, la relatividad siempre está presente y el ambientalismo debe ser integral, no según convenga o no a ciertos opinadores. 

No conozco en detalle el diseño de la vía, pero sí las circunstancias que lo rodean. Me considero ambientalista por mi formación ideológica, pero en este caso, con la avenida proyectada, no veo ningún daño. ¿Por qué? Considero que el río Guatapurí muere en la playa Maravilla, de ahí en adelante es una cloaca, ya todo se perdió; hasta su desembocadura en el río Cesar, el río Guatapurí no existe, ya no es el tiempo de las plañideras ambientales. Si así es, no queda nada por cuidar. En el ambientalismo no debe existir relativismo, esta inquietud debe aplicarse en todos los momentos porque los impactos siempre son evidentes y no podemos decir que algunos son buenos y otros no. 

Según veo, muy cerca de la zona de influencia de la ronda hidráulica del río están adelantando obras de infraestructura, algo así como una urbanización amén de los viejos asentamientos suburbanos que hace años conviven con el río y con los ambientalistas. Además, desde el club de tiro hacia abajo, son muchas las concesiones de agua que vuelven raquítico al río; la baja del caudal de un río (estiaje) equivale a la baja de hemoglobina en los seres vivos (anemia), sin caudal los ríos perecen.  Tampoco esta sería la primera calzada paralela a un río, Montería la hizo igual que en muchas partes del mundo. Me dirán que el ambientalismo es un concepto nuevo: falso; desde mediados del siglo XVIII Arrhenius, Nobel de Química, predijo y proyectó efectos del gas invernadero, EGI; esto es ambientalismo. Los mayores impactos ambientales sobre el departamento del Cesar los han proporcionado el cultivo del algodón, primero, y la explotación del carbón, después. Hoy, este departamento está esterilizado en más del 50 % de su extensión y algunos de los que hoy hacen reparos a esta obra participaron de esa masacre ambiental de una u otra forma.   

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