COLUMNA

La autonomía universitaria y la libertad

Se concibe como una barrera protectora al espíritu científico y cultural de la sociedad libre.

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La autonomía universitaria es una condición necesaria para el desarrollo de la ciencia, la libertad en su producción y la enseñanza. La autonomía universitaria fomenta espacios de pluralismo y tolerancia en el mundo científico, libera al   investigador y a las investigaciones de las garras del poder, de los gobiernos y los partidos políticos.  Hace libre a  la ciencia. Es un asunto de alta política de estado constitucional y, la sociedad democrática y sus instituciones deben garantizarla a  plenitud.

La autonomía universitaria no puede ser reconocida a medias, o son libres  como entes autónomos, responsables ante la sociedad o no son libres. ¿Autonomía frente a quién? Sencillo, frente al poder político. Las universidades deben ser autónomas, con autogobierno en los asuntos académicos y administrativos, a fin de impedir que el poder estatal interfiera, como interfiere en la actualidad en la producción de la ciencia y en el desarrollo y transmisión de los conocimientos científicos. Esto es vital en una sociedad democrática, no lo hemos entendido.

La Universidad, templo de la ciencia, debe estar por fuera de la disputa y ejercicio del poder político. Esto no se ha entendido con claridad en nuestra república. En una carta al ministro italiano Rocco, Albert Einstein le dice: “Lejos de mis propósitos está discutir con usted las intromisiones en la libertad por parte de hombres que pueden justificarse por razones de Estado. Pero la búsqueda de la verdad científica surgida de los intereses prácticos de la vida cotidiana tendría que ser sagrada para el poder estatal, y es de gran interés para todos el que los servidores de la verdad no sean molestados”. 

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