Por: Jose Gregorio Guerrero
Ella era alta, dueña de unos ojos saltones verdes, piernas gruesas, y cintura estrecha. El día que llegó a Valledupar a comienzos de los ochenta se estacionó en Cinco Esquinas; allí duró varias horas con la vista perdida en un mar de transeúntes que desfilaban por ese lugar en un ir y venir de gentes felices .
Luego se fue caminando por toda la calle del Cesar en sentido sur norte y fue a parar la carrera más allá de Atanquez donde conoció a un indígena. Dicen testigos reales que la mató un mostacho bien puesto, la manera de verlo tomar café en totuma y la remato viéndolo orinar como los animales: recostado a una acerca.




