Por: Imelda Daza Cotes
Esta semana se reúne en Cali la VII Cumbre de Jefes de Estado de la Alianza del Pacífico. Asistirán también representantes de nueve países observadores de esta organización que surgió como propuesta peruana y nació formalmente en diciembre de 2011 cuando los 4 países miembros -Chile, Colombia, Méjico y Perú- firmaron la declaración presidencial de Mérida y más tarde en junio de 2012, en Paranal, Chile suscribieron el Acuerdo Marco de la Alianza que dio vida jurtídica al mecanismo integrador. En todo este proceso fue notorio el impulso de Washington, gestor de la iniciativa que congregó a 4 presidentes de países comprometidos con el neoliberalismo, que han firmado TLC con EEUU y en tres de ellos hay bases militares norteamericanas. En reciente gira por Centroamérica Obama instó a estos países a vincularse a la Alianza
De la lectura cuidadosa de los documentos que soportan la Alianza del Pacífico es fócil concluir que los propósitos de este proyecto están ligados al interés de Washington de hacer contrapeso a los planes de integración de los gobiernos progresistas de Latinoamérica y oponerse a los vínculos de la región con China. El accionar de la Alianza Pacífico se disparó después de la reunión de la CELAC en Chile, en un claro afán por resucitar la infortunada ALCA, frenar UNASUR, obstaculizar el desarrollo de Mercosur, aislar el ALBA, detener a Petrocaribe, impedir el Banco del Sur, controlar las relaciones económicas Latinoamérica-Asia, desalentar las inversiones chinas en la región y taponar las exportaciones al Pacífico de los países industrializados de Suramérica




