El Cesar tiene muchos problemas, los cuales terminan ocultos por una clase política que tiene una agenda marcada por mentiras que usa el silencio como lenguaje, mira a otro lado para no comprometerse con los ciudadanos; para estos senadores lo importante son sus ambiciones particulares, excluyendo el interés general.
Hoy tenemos el chance de una voz dedicada toda su vida a denunciar los abusos de gobiernos alejados de las verdaderas necesidades del departamento, una voz que ha enfrentado mafias y revelado incluso los conflictos surgidos en nuestras comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta.
Esa voz es la de Katya Ospino, quien aspira al Senado y con fuerza; su nombre se escucha respaldado por una trayectoria como periodista que ha realizado serios trabajos de investigación. Uno de los más importantes fue revelar cómo la Fiscalía fue penetrada por una falsa abogada condenada por falsificar su título, con el que recorrió varios cargos importantes con sus documentos adulterados.
La corrupción en La Guajira también ha sido tema investigado por Katya Ospino, situaciones irregulares en el ICBF del vecino departamento involucrando a políticos poderosos como Alfredo de Luque, quien hoy modela como oposición al presidente Petro, pero el parlamentario guajiro nunca se ha preocupado por las dificultades de sus paisanos. Recordemos también las videocolumnas sobre el rector de Uniguajira, el señor Robles, quien lleva un largo periodo en esa institución de educación superior ejerciendo fuerte influencia más allá de la academia.
Katya Ospino ha sido una valiente sin temor a recorrer rincones de la Alta Guajira como hizo quince días atrás, acompañada de amigos que la protegían porque saben de los riesgos que corre al visitar el territorio de aquellas misteriosas personas a quienes ha enfrentado.
En el Cesar también ha mirado de frente a los corruptos, los ha expuesto y con pruebas contundentes ha señalado sus fraudes. Una lucha que ahora quiere llevar a otro escenario, al Congreso de la República, donde el Cesar debe llevar personas que realmente representen algo, figuras que realmente se preocupen por nosotros, que tengan sensibilidad, que su contacto sea permanente con las comunidades para escuchar sus ruegos, sus inquietudes; no como quienes hoy vuelven a salir a las calles en busca de votos, pero después se esconden sin que se sienta su paso como representantes de una región.
Con su consigna “El pueblo manda”, Katya entiende que el voto depositado por ella significa la confianza que se le traslada para que asuma un liderazgo que permita que en el Congreso se hable de lo que nos interesa, de todo lo que nos incomoda. Y ella sí que lo entiende: incomodar a los poderes que se han consolidado ha sido su batalla. No pide permiso para subir escalones, para aspirar; ella solo se hace presente y toma banderas para luchar por lo que nos preocupa y pone límites a quienes creen que son los dueños de lo público. El Cesar ganaría mucho en el Senado con la elección de esta gran mujer a quien no le tiembla el dedo para señalar bandidos, políticos y mafiosos.
