Le va muy bien a la bionovela del compositor y artista Leandro Díaz, que transmite el canal RCN, y que se basa en el libro “Leandro”, del escritor Alonso Sánchez Baute. La audiencia es amplia y cada noche los televidentes quedan ávidos de conocer más de la historia. La producción, que cuenta con un guión inmejorable y un elenco extraordinario, recrea la vida del juglar de la música vallenata, cuyo testimonio se constituye en fuente de inspiración, pues no fueron pocas las dificultades que debió sortear en su periplo terrenal.
Valledupar y todos sus alrededores conocían de la grandeza artística de Leandro Díaz, cuyos homenajes y monumentos sobresalen en ese territorio; pero gracias a la creación audiovisual, su obra adquiere una dimensión más amplia, que trasciende fronteras. Mucho ayuda la coyuntura digital y mediática que experimentamos en este tiempo, y claro, también que el protagonista de la serie, sea quizá, el referente número uno que tiene en la actualidad la música del Valle del cacique Upar, Silvestre Dangond.
Nos tiene embobados la vida de Leandro, pero en estas líneas me quiero salir un poco del alelamiento, para referirme a Ivo, su hijo, que al mismo tiempo era ayudante, cómplice, y primera voz de cuanta parranda le saliera al insigne compositor. Si Leandro veía con los ojos del alma, esa alma con seguridad, tenía el nombre de Ivo, su eterno lazarillo.




