Estamos iniciando el año, y con él llegan los nuevos comienzos y las metas renovadas. Muchos de nosotros cerramos ciclos y emprendemos nuevos retos llenos de expectativas.
Las redes sociales nos inundan con memes, videos y mensajes motivadores que proclaman por todas partes: “Año Nuevo, Vida Nueva”. Y sí, no está mal, siempre y cuando ese cambio lo hagamos con convicción y disciplina, guiados por nuestros valores y principios. Son esos valores los que nos sostendrán cuando la motivación inicial se apague.
Aquí es donde me detengo a reflexionar: ¿cuál es la bolsa de valores con la que vivimos? No me refiero a la económica, aquella que fluctúa según los mercados, sino a esa bolsa de valores que contiene nuestros principios, convicciones y fortalezas. Es ese “capital” interno que define quiénes somos y que consultamos cuando enfrentamos retos, cuando dudamos o cuando tomamos decisiones difíciles.




