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¿Inimputables…?

El Gobierno Nacional no ha entendido que al afectar la correlación de fuerzas frente a las Farc, aleja la posibilidad de una negociación viable. Sus decisiones militares y políticas –antes y durante los diálogos– marcan la diferencia.

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 Por: José Félix Lafaurie Rivera

El Gobierno Nacional no ha entendido que al afectar la correlación de fuerzas frente a las Farc, aleja la posibilidad de una negociación viable. Sus decisiones militares y políticas –antes y durante los diálogos– marcan la diferencia. Llegó a La Habana con el antecedente funesto de haber cortado la maduración del fin del conflicto, que estaba garantizado con la política de Seguridad Democrática. Acorralada como estaba la guerrilla y con un inmenso desprestigio internacional –catalogada como "narco terrorista”–, se vuelve a la errada opción de darle oxígeno. Ahora no desperdicia una sola oportunidad, para escalar en sus pretensiones e inclinar la balanza a su favor. 

El paréntesis de la negociación aplazó su derrota. El cambio de estrategia, sumado a la legitimación de las Farc –con la apertura del diálogo– fue determinante para resucitarlas y alimentar sus pretensiones. En el camino el Gobierno se ha encargado de nutrir al moribundo, al generar expectativas en la opinión pública sobre una paz frágil. De ese empeño hacen parte los foros, la pasada marcha o las declaraciones de los partidos de la mesa de “unidad nacional”, que han empeorado la correlación de fuerzas. Una situación que las Farc capitalizan, para elevar sus ambiciones y profundizar la pendiente de su contraparte.

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